Dicen que tenía algo más de plomo en la sangre,
una cicatriz en el hombro derecho,
demasiadas ganas de vivir,
y ojos verdes.
Dicen que cambió, y que inició una guerra contra el orden.
Y que empezó a caer en otoño, junto con las hojas,
y sus ojos cambiaron de color.
No supo frenar.
Fue abriéndose la cicatriz,
mas aunque dolía, no se curaba,
mas aunque curase, no desaparecería.
Se llegó a declarar en contra del control,
y sin argumentar;
ciertamente, no consideró ético hacerles pensar de más.
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