La eternidad no es sana; será porque impide respirar
y tiene una forma cruel de arrebatar la esencia, la cual nos hace perfectos.
Debe ser por eso que dejamos de bombear en cierto momento;
la vida no existiría en caso contrario.
La infinidad nos obliga a cerrar los ojos. Y no será por miedo, sino por estabilidad.
Ésta tiende a estallar y nosotros a comprimirnos.
Es bueno aprisionarse, suelen decir,
cuando uno es comprendido.
La perpetuidad hunde,
mientras la fugacidad aviva la esencia
y lleva al delirio al más cuerdo.
Y cuando tomemos en serio
la sublime caducidad
podremos disfrutar de aquel frenesí que siempre ansiamos.
Translate.
martes, 2 de septiembre de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
"El que lo ahuyenta obtuso es y tiene bajo la caña plomo."
Dicen que tenía algo más de plomo en la sangre,
una cicatriz en el hombro derecho,
demasiadas ganas de vivir,
y ojos verdes.
Dicen que cambió, y que inició una guerra contra el orden.
Y que empezó a caer en otoño, junto con las hojas,
y sus ojos cambiaron de color.
No supo frenar.
Fue abriéndose la cicatriz,
mas aunque dolía, no se curaba,
mas aunque curase, no desaparecería.
Se llegó a declarar en contra del control,
y sin argumentar;
ciertamente, no consideró ético hacerles pensar de más.
una cicatriz en el hombro derecho,
demasiadas ganas de vivir,
y ojos verdes.
Dicen que cambió, y que inició una guerra contra el orden.
Y que empezó a caer en otoño, junto con las hojas,
y sus ojos cambiaron de color.
No supo frenar.
Fue abriéndose la cicatriz,
mas aunque dolía, no se curaba,
mas aunque curase, no desaparecería.
Se llegó a declarar en contra del control,
y sin argumentar;
ciertamente, no consideró ético hacerles pensar de más.
viernes, 21 de marzo de 2014
(Poeta, tardabas.)
No sentía. Como no sienten las mariposas.
Pero volaba.
No hacia donde los astros mandaron. Volaba alto,
con el fin de quedarse sin oxígeno.
(Sus alas no eran de cera;
Y cada vez más cerca estaba,
sus alas no eran.)
de llegar a liberarse.
Y cada vez más cerca estaba;
y cada vez
más lejos.
martes, 7 de enero de 2014
Walzer.
(Un, dos, tres. Un, dos, y.)
-Bonito vals. Lástima no saber bailar.
Y me vuelve a girar.
Y sigue avanzando. (Cuánto cuidado, cuánta dulzura.)
(Un, dos, y.) Retrocedemos.
Más vueltas (por si fueran pocas).
Tan estúpido.
Tan fácil.
Tan rápido,
y tan lento.
Y tan al compás,
que te obliga casi a cerrar los ojos.
Y caes, anestesiada, y dejas de tener el mando. (Pero qué
bonita es la inconsciencia.)
[Y anunciaron cambio de pareja.]
Suscribirse a:
Entradas (Atom)